viernes, 21 de octubre de 2011

Poesía: La cuna

Si yo supiera de qué selva vino
el árbol vigoroso que dio el cedro
para tornear la cuna de mi hijo...
Quisiera bendecir su nombre exótico.
Quisiera adivinar bajo qué cielo,
bajo qué brisas va creciendo lento,
el árbol que nació con el destino
de ser tan puro y diminuto lecho.


Yo elegí esta cunita
una mañana cálida de enero.
Mi compañero la quería de mimbre,
blanca y pequeña como un lindo cesto,
pero hubo un cedro que nació hace años,
con el sino de ser para mi hijo
y preferí la de madera rica
con adornos de bronce. ¡Estaba escrito!

A veces, mientras duerme el pequeñuelo
yo me voy a forjar bellas historias:
tal vez bajo su copa una cobriza
venía a amamantar a su niño
todas las tardecitas, a la hora
en que este cedro amparador de nidos
se llena de pájaros con sueño,
música, arrullos y píos.